Dos estilos, dos luchas en ARENA

Lafitte Fernández septiembre 19, 2017
102nueve

La lucha en ARENA terminaría en negociación

La competencia entre ambos no es biliosa. Pero es real. Cada quien tiene  su estilo de hacer política. Cada quien tiene sus reglas. Cada  quien quiere influir, en ARENA, a su modo.

Esta vez dos hijos de adinerados e históricos mecenas de ARENA quieren llegar a gobernar El Salvador con intensa capacidad emocional. Por eso es que cada uno hace sus propias piruetas políticas. Cada uno se presenta como mejor puede.

Carlos Calleja y Javier Simán, ambos hombres de negocios, son las dos nuevas figuras casi canónicas de ARENA. Los dos tratan de aparecer como hombres genuinamente desafiantes y nuevos en la política.

Aunque Simán repite que a él no le gusta ser copiloto ni siquiera en su propio auto, todos apuestan a que cualquiera que gane la nominación terminará negociando con el otro e incorporándolo a su equipo electoral. Esto podría ejecutarse antes de la designación.

Con su cara alargada, ojos claros y una calvicie prematura, Javier Simán se ha presentado, desde hace mucho rato, como un hacedor de obras y soluciones. Trata de afilar su imagen como un hombre práctico, un ejecutivo de empresa exitoso que también puede conducir un país.

Simán quiere ser una suerte de presidente gerente del país como en algún tiempo se pensó: que debía ser un empresario quien sacara a El Salvador de sus problemas.

El primero que, formalmente, ideó un plan para nombrar un gerente como gobernante fue el exmandatario Francisco Flores. Tanto lo quiso que llevó a algunos de los hombres más ricos del país al COENA, órgano rector de los areneros.

Flores tenía en su cabeza, como candidato presidencial,  un gerente que no atendió su pedido para que llegara al poder: Roberto Murray Meza, el hombre que en tres ocasiones pudo asumir la candidatura y tres veces prefirió sus empresas y compromisos familiares. Hubiese llegado a candidato por unanimidad en ARENA. Nadie le hubiese disputado nada.

Ahora Javier Simán quiere reeditar la posibilidad que un empresario de altos quilates se vuelva candidato presidencial. Aunque se define mil veces como representante de la sociedad civil, lo cierto es que desde hace bastante tiempo decidió pelear por la candidatura presidencial.

La calidad de organización que construyó Simán delata que trabaja desde  mucho tiempo en construir palancas presidenciales como líder de los industriales.

Pero sus titubeos para declararse precandidato presidencial se originan en lo que Simán tiene al frente: otro joven empresario que desde hace mucho rato se presenta como un hombre que, como una suerte de zar de más de 100 supermercados, ayuda a los agricultores más necesitados a vender sus productos y al consumidor a lograr ahorros de dinero.

Pero las elecciones internas en ARENA no tienen olor a santidad aunque los distanciamientos entre Javier Simán y Carlos Calleja no se presentan como compases de larga duración.

Los juegos de poder entre ellos algunas veces son rudos. El último  se produjo ante la intentona de Calleja de adelantar la designación del candidato presidencial.

Calleja aplicó sus cálculos empresariales a la política con brutal simplificación: como algunas encuestas lo declaran ganador en la contienda interna, y sabe que controla, o le ayudan a controlar, a los dirigentes areneros en la mayoría de los departamentos, se convenció que vencería con facilidad a Simán.

Entonces, su propuesta era sencilla: para qué gastar más dinero en buscar la candidatura presidencial si se puede también ahorrar esfuerzos.

Simán sabía que si eso ocurría, resultaría apaleado por la dirigentes interna de ARENA que maneja Calleja. Si la elección se hubiese hecho en septiembre u octubre, Calleja era ganador.

 La mejor prueba que tenía consigo Simán es la solicitud de adelanto de los comicios firmada por la mayoría de los principales dirigentes territoriales y departamentales.

Pero si algo demuestra Simán es que es un hombre persistente y tiene una elevadísima capacidad de trabajo. Cualquier resultado de las encuestas lo ha volcado a trabajar y a  pedirle el apoyo a cualquiera de los 60 0 70 mil electores areneros que designarán  al candidato.

Pero en algo más gana Calleja a Simán: se presentó y ha construido su imagen como un político diferente que quiere poner la política por encima de las ideologías. Simán no ha logrado pararse como el guía hacia un camino diferente y se ha metido a participar en las grescas partidarias.

Calleja ha estado, deliberadamente, lejos del bochinche tradicional. Tal vez sabe que los electores quieren orden y entendimientos. Eso lo ha hecho diferente: se tiñe como un conciliador que no pone adelante su filo intelectual.

Simán enseña un mejor dominio de la realidad y de los problemas. Calleja intenta abrazar a todos. La campaña de Simán es más racional. La de Callejas es emocional. Esto último lo ha diferenciado. Está lejos de ser un maestro de la tristeza.

Tal vez Calleja cree que debe presentarse como un hombre que entiende que la novedad en su papel de precandidato debe ser digno y aceptable. Eso le gana seguidores.

Ante todo eso, la apuesta de los mejores analistas es la siguiente: Simán y Calleja terminarán negociando el mejor pacto para los dos. Simán aportaría la experiencia y las fórmulas de solución a los problemas y sería un buen candidato a manejar el equipo económico del gobierno, si ARENA gana las elecciones.

Calleja unificaría y pacificaría, de esa manera, ARENA. Simán encontraría un camino digno y se pondría en lista a cualquier candidatura. Es un hombre joven que nadie ha pillado en hechos que disgusten a los electores.